Mar en calma con un horizonte suave y vacío
Foto: Harli Marten, Unsplash

Hay días en los que no estás triste ni enfadado. Simplemente, no sientes gran cosa. Haces lo que toca, respondes mensajes, incluso te ríes, pero por dentro hay un hueco. Si has buscado «me siento vacío por dentro», probablemente conoces esa sensación: como si la vida pasara al otro lado de un cristal. En este artículo quiero proponerte una forma distinta de mirarla: no como algo que hay que tapar cuanto antes, sino como algo que merece ser escuchado.

Qué es esa sensación de vacío

El vacío interior se describe de muchas maneras: apatía, desconexión, falta de sentido, «estar sin estar». A veces llega después de una pérdida o de una etapa de mucha exigencia. Otras veces se instala poco a poco, sin un motivo claro, hasta que un día te das cuenta de que hace tiempo que nada te ilusiona de verdad.

No es lo mismo que la tristeza. La tristeza duele, pero está viva: te dice que algo te importa. El vacío, en cambio, se parece más a una ausencia.

Lo opuesto al bienestar no es el dolor

Tuve la suerte de formarme con Gianni Francesetti, psiquiatra y terapeuta Gestalt. Una de sus ideas me acompaña en cada sesión: lo opuesto al bienestar no es el dolor, sino la ausencia. Cuando algo duele, todavía estás ahí, en contacto con lo que te importa. Lo que más nos aleja de sentirnos bien es dejar de estar presentes.

Mirado así, el vacío no es un «no sentir nada». Muchas veces es una forma de protección: cuando algo ha sido demasiado, una parte de nosotros baja el volumen para poder seguir adelante. Tiene sentido. El problema es que no se puede bajar el volumen solo al dolor: con él se apagan también la alegría, el deseo y la ternura.

Por qué taparlo no funciona

Ante el vacío, lo habitual es intentar llenarlo: más trabajo, más planes, más pantallas, comida, compras, relaciones que empiezan deprisa. Todo eso da un alivio momentáneo, pero cuando se acaba el ruido, el hueco sigue ahí, a veces más grande.

La terapia Gestalt propone lo contrario: acercarse al vacío con curiosidad. Como explico en qué es la terapia Gestalt, el cambio empieza cuando te das cuenta de lo que te pasa en el presente, en lugar de huir de ello. Preguntas como «¿desde cuándo me siento así?», «¿qué dejé de sentir?» o «¿qué pasaría si me permitiera sentirlo?» suelen abrir puertas que llevaban tiempo cerradas.

Una práctica para volver a estar

Esta práctica es sencilla y puedes hacerla en cualquier momento. Si te ayuda, en meditación y terapia Gestalt encontrarás otras parecidas.

No esperes una revelación. A veces solo aparece un cansancio, una pena pequeña o una necesidad concreta. Eso ya es volver a estar.

Cuándo pedir ayuda

Sentir vacío de vez en cuando es humano. Pero si dura semanas, te quita las ganas de todo o notas que te aíslas cada vez más, es un buen momento para no quedarte solo con ello. Y si aparecen pensamientos de hacerte daño o el malestar es muy intenso, consulta también con un profesional sanitario (tu médico o un psicólogo sanitario) cuanto antes.

Empieza con una conversación

El vacío no se llena de fuera hacia dentro: se atraviesa con presencia, y a veces es más fácil con alguien al lado. Te propongo una entrevista gratuita de 20 minutos para conocernos, sin compromiso.

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