
«Crisis de los 40» suena a tópico: el coche deportivo, el cambio de look, la huida hacia delante. Y la «crisis de los 30» parece una versión menor. Pero quien la vive sabe que no tiene nada de broma. De repente, la vida que has construido te hace preguntas que no esperabas: ¿esto lo elegí yo?, ¿quiero seguir así diez años más?, ¿quién soy fuera de lo que hago? Mi propuesta es mirar ese momento de otra manera: no como una avería, sino como una pregunta que merece respuesta.
Qué es una crisis existencial
Una crisis existencial es un momento en el que el sentido que dabas a tu vida deja de sostenerte. No es una enfermedad ni un fallo personal. La palabra crisis viene del griego y significa decisión, separación: un punto en el que algo se separa de lo anterior y hay que elegir. Por eso suele coincidir con etapas de transición, y por eso aparece tan a menudo alrededor de los 30 y de los 40.
La crisis de los 30: ¿esta vida es mía?
Alrededor de los 30, muchas personas se dan cuenta de que han ido tomando decisiones casi por inercia: la carrera que tocaba, el trabajo que salió, la ciudad donde acabaron. Es el momento en que se comparan con lo que «deberían» haber conseguido y aparece la sensación de ir tarde, o de ir por un camino que no es el suyo.
La pregunta de fondo suele ser de identidad: ¿qué quiero yo, separado de lo que esperaban de mí?
La crisis de los 40: ¿qué hago con el tiempo que queda?
A los 40 la pregunta cambia de tono. Ya hay una vida construida: pareja o no, hijos o no, una profesión, responsabilidades. El cuerpo empieza a avisar de que el tiempo no es infinito. Muchas personas sienten que han cumplido con lo que tocaba y, aun así, algo se ha quedado por el camino: un deseo aplazado, una parte de sí mismas que no ha tenido espacio.
Aquí la pregunta es de sentido: ¿qué quiero hacer con lo que queda?, ¿qué es importante de verdad para mí? Es una crisis menos de elegir y más de revisar.
Cómo acompaña la terapia Gestalt este momento
La tentación, en ambas crisis, es resolver deprisa: cambiarlo todo o no cambiar nada y aguantar. La terapia Gestalt propone un tercer camino: quedarse un tiempo con la pregunta y escucharla de verdad. Como explico en qué es la terapia Gestalt, no se trata de interpretar lo que te pasa desde fuera, sino de darte cuenta, desde dentro y en el presente, de lo que sientes, necesitas y evitas.
En sesión solemos mirar qué partes de ti se han quedado sin voz, qué «debería» sigues obedeciendo sin revisarlos y qué deseos asoman cuando te permites escucharlos. Herramientas como el eneagrama, un mapa para conocerte, ayudan a ver los patrones que se repiten en tu forma de vivir.
Un ejercicio: dos columnas
Coge una hoja y haz dos columnas. En la primera escribe cosas de tu vida que haces porque «tengo que». En la segunda, cosas que haces porque «quiero». No las pienses mucho.
Después, lee en voz alta la primera columna cambiando «tengo que» por «elijo». Por ejemplo: «elijo ir a este trabajo». Nota qué pasa en tu cuerpo con cada frase. Algunas te sonarán verdaderas; otras, no. Esas últimas son un buen punto de partida para tu pregunta.
Cuándo pedir ayuda
Una crisis vital puede ser una gran oportunidad, pero no hace falta atravesarla en soledad. Si te cuesta dormir, has perdido las ganas de todo o el malestar se alarga, buscar acompañamiento es una buena idea. Y si el malestar es muy intenso o aparecen pensamientos de hacerte daño, consulta también con un profesional sanitario (tu médico o un psicólogo sanitario).
Empieza con una conversación
Si estás en ese momento en el que la vida te pregunta algo y no sabes qué responder, podemos mirarlo juntos. Te propongo una entrevista gratuita de 20 minutos para conocernos, sin compromiso.
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